martes 13 de septiembre de 2011

Segunda Catarsis


A veces son minutos, horas, incluso días pegados frente a una hoja en blanco pensando que escribir, intentando pensar el argumento perfecto para desvirginar el albino plano de esta libreta que me pide tregua ante el asedio incesante de mi pluma. Sin Resistencia alguna todo trozo de papel cede ante el vaivén torpe que irbana estas letras sin talento colmadas de quien sabe que.
Hay días que necesito destronar al mismo dios con estas letras, que su hálito de santidad caiga bajos mis garras y así saciar el hambre de poder que gimen mis tripas.
Pero al salir el tercer sol, cuando sostengo mi cabeza solo con una almohada soñadora, mis manos comienzan a escribir sin pluma; sobre tu rostro, aquella sonrisa cual veneno me tiene entrelazando vocablos antes de poder hallarlos.